domingo, 28 de septiembre de 2014

Qué hacer en tu primer día de trabajo

Durante las últimas semanas, probablemente tu rutina (al igual que la mía) haya vuelto a la normalidad, con los madrugones y el poco tiempo para hacer poco más que el trabajo. En mi rutina hay un añadido muy dulce, la vuelta a una oficina que, desde hace mucho tiempo, he querido volver, y por una cosa u otra no se ha dado la oportunidad. Pero normalmente, estas cosas pasan cuando tienen que pasar, y yo volví el 11 de septiembre del 2014.

La primera vez que entré, en el verano del 2012, era mi primera experiencia profesional, pues aunque llevo trabajando desde los 17 de camarera y de profesora de inglés, era mi primera experiencia en la que las piernitas me temblaban. Admitámoslo. Estaba en pañales (¿algún día dejaré de estarlo?), y ahora al volver me di cuenta que aunque estaba en pañales hice varias cosas bien (aunque también me equivoqué mil veces). Y de eso es de lo que quiero hablar hoy, de las cosas que me ayudaron a mí en mi primer segundo día de trabajo.

La libreta. En el 2012, lo primero que hice cuando Eva me dijo que querían contar conmigo fue llevar una libretita donde apuntarlo TODO. Y cuando digo "todo" me refiero hasta como trasladar una llamada desde la recepción hasta las distintas oficinas, pasando por las claves de los ordenadores (que constantemente cambian #guiño #guiño ) hasta el horario de mis compañeras, para saber hasta qué momento podía contar con ellas. Aunque suena muy tedioso y aburrido, no sabes lo que me ayudó, pues podía recordar al pie de la letra todo lo que me decían las personas que llevaban más tiempo que yo en esa oficina. Apunté hasta cómo saludar al descolgar el teléfono, cómo presentarte cuando estás realizando una llamada, cómo manejar los programas informáticos, cómo hacer todo. Y aunque pensé que todos mis apuntes se iban a quedar ahí, en la libreta, pensé que lo justo sería devolver a mis compañeras todo lo que ellas habían invertido en mí, todo ese tiempo y ese esfuerzo, yo quería devolvérselo. Pues bien, fruto de esa libretita que tenía tanta información, cuando me desincorporé de la oficina para continuar con mis estudios (en el 2012) les regalé un manual de procedimientos con el cual la persona que me sustituía podía tener una transición más suave; no iba a hacer que la persona supiera funcionar al 100% desde el minuto 0, pero sí lograría darle algo de ventaja en el proceso. Ahora, en el 2014, agradecí tanto a esa chica en pañales que hizo el manual de procedimientos que valoré la libretita mucho más que antes.

Ojo, ahora también llevo una libreta de arriba para abajo, todos los días.

La hora del café. Super importante, es un momento en el que puedes escuchar más que hablar, y de vez en cuando hablar. No lo saltes por temor a que aún no eres parte del "equipo", precisamente estas reuniones informales son las que te hacen estar más rápido en el equipo. Acuérdate de cómo toman el café, así un día podrás ofrecerte tú a traerlo, e irás formando parte del equipo.

Las preguntas. Pregunta, y pregúntalo todo. Es mejor que estés todo el día con preguntas a tener que subsanar errores, que por otro lado los cometerás. A medida que preguntas, irás entendiendo todo mejor, y será otra forma de interactuar con tus compañeros. Ojo, si te explican algo, apúntalo en la libretita, para que no tengas que continuamente preguntar lo mismo. Si alguien te dice si lo has entendido, sé sincero, e intenta explicárselo a la persona tal y como tú lo has entendido. Este es el mejor feedback que puedes dar.

La vestimenta. Durante los primeros días observa cómo van vestidos tus compañeros; durante estos primeros días evita los extremos: nada de vaqueros ni trajes de chaqueta, busca algo intermedio, y búscate un par o tres de conjuntos o modelitos que te sirvan para los tres primeros días, y así ya podrás ver cómo es el ambiente de este trabajo. Evita también las chanclas (aunque sean preciosas) y las blusas con transparencias. Para arriesgar, ya habrá tiempo. Pero es preferible que tu supervisor no te llame la atención por desentonar por tu vestimenta.

Recuerda las sonrisas y los placeres en conocerte. Son fundamentales. Aunque no vayas de trepa, hay siempre puntos intermedios.


lunes, 8 de septiembre de 2014

Mi Carta de Presentación

Si, como yo, estás renovando tus candidaturas para oportunidades de empleo que puedan surgir, seguramente tienes que redactar tu propia carta de presentación (CP). Esta ya no es una "nueva" herramienta ni recurso que debes incluir en tus candidaturas, sino que se hace cada vez más necesario incluirla junto al currículum.

QUÉ ES-
En mis talleres de empleo me gusta explicar qué es y para qué sirve una CP utilizando la siguiente metáfora. Imagínate la siguiente situación: estás en una reunión con amigos y conocidos y otros que no son conocidos, y surge un tema de conversación con un desconocido sobre una posible línea de negocio que se pueda crear entre ustedes dos, véase, una posible venta, un posible contacto, un nuevo nodo en tu red de contacto profesional. Lo que le entregas a esta persona es una tarjeta de visita, donde en breves líneas aparece tu nombre, un título profesional, y alguna forma de contacto. Una tarjeta de visita es más o menos igual para todo el mundo, simplemente tu nombre y forma de contacto. Pero nunca entregas una tarjeta de visita sin más, sino que acompañas este acto con una agradable charla sobre cómo pueden surgir oportunidades profesionales entre tu nuevo contacto y tú. La tarjeta de visita sería tu CV, un papel en el que aparece quién eres, cómo contactarte, y qué es relevante sobre ti; la "agradable charla" es la CP, un documento en el que brevemente explicas por qué te estás presentando a este proceso de selección y qué es importante que la otra persona conozca sobre ti.

En una carta de presentación no estamos repitiendo el CV (o por lo menos no deberíamos hacerlo); debería aparecer por qué nos interesa el puesto y qué podemos aportar nosotros a esa organización, por qué encajamos en la descripción, qué parte de nuestro CV deben de ver con detenimiento. Si el CV es más bien una lista con nuestra vida profesional, la CP es una narrativa sobre nosotros en relación al puesto y/o empresa concreto.


CÓMO-
El primer gran interrogante suele ser qué es una carta de presentación. Una vez aclarado esto, se nos presenta el segundo interrogante: cómo la hacemos. Lo más importante en este caso, es tener un lenguaje profesional, aunque cercano. Es una narrativa, por lo que debemos procurar que la persona que la lee no se aburra ni se pierda en la lectura.
Suelen tener cuatro partes bien diferenciadas:


  1. A quién va dirigida la carta (persona o institución)
  2. Introducción, simplemente ponernos a disposición de la persona/empresa en relación a un puesto determinado, bien porque hemos sabido que hay una vacante, o bien por auto-candidatura. Es así de simple. "Quería ponerme a su disposición si considera que mi perfil es alguno que pueda estar buscando, ya que me gustaría formar parte del equipo X de su empresa X por X razón(es)". Sin más, que no sea demasiado rebuscado, porque conocemos la empresa desde fuera, evitando repetir al pie de la letra la sección de "valores" de su página web.
  3. Cuerpo. Es aquí donde tenemos que poner en relación nuestros atributos, experiencia y estudios con la oferta. "Mi área de interés es tal, me he especializado en tal sector desde X años, por X razón. Me gustaría seguir formándome a la vez que profesionalizarme dentro de una empresa como la suya por X razón." Sería interesante hacer un pequeño auto-análisis antes de entregar la CP y ver qué atributos nos describen mejor, dejando de lado los típicos "responsable, amable y buena personal" pues los dicen todos. Otro día hablaremos de esto.
  4. Despedida. Nos despedimos con un "Realmente espero que valore mi candidatura", y le podemos comentar sobre nuestra disponibilidad de incorporación, posibilidad de cambio de residencia, de viajar, etc.
Como siempre, no olvides de incluir tus datos de contacto, ya que son vitales a la hora de presentar candidatura.

Como siempre, ¡mucha suerte!




viernes, 29 de agosto de 2014

Cómo se siente cuando te rechazan

Como la sensación es bastante reciente, he decidido plasmarla por escrito para recordar cómo se siente cuando ya no la tenga que experimentar. Por lo menos durante un largo período de tiempo.

Cuando te rechazan de un trabajo, te sientes pequeña. Como han sido varios rechazos, al salir del encuentro, de la "conversación" te dices a ti misma es sólo una conversación más y lo más probable es que la "relación" no salga adelante. Pero sueñas. En secreto sueñas. Sueñas con crecer, sueñas con aprender, con conocer, con aportar, con que te digan lo que tienes que hacer y poco a poco lo vayas haciendo mejor. Sueñas con un día en el que puedas decir que estoy haciendo lo que realmente quiero en el lugar que realmente quiero. Sueñas con despertarte muy temprano para no llegar tarde, y sueñas en trabajar muy, muy duro para pagar ese préstamo que tienes en la espalda (y que taaaanto trabajo costó conseguir, y orgullosa dices: estoy pagando mi máster).

Te dicen, no te preocupes que te avisamos qué decisión tomamos, al final de un par de semanas tendrás el resultado. Y sueñas con recibir un llamada. Guardas el número en tu teléfono para estar lista, porque (obvio) te van a llamar por la mañana y lo más probable es que estés en el trabajo, delante de un montón de alumnos y sueñas y te imaginas el momento en el que te retiras un momento del aula y contestas la llamada. Seguro que será un lunes. Seguro.

Pero hoy es viernes. Dos días antes del lunes. Y no es una llamada. Es un mensaje. Es un correo electrónico. Una carta tipo y cuando ves el remitente de este correo ya sospechas cómo fue la cosa. Y ciertamente, hoy es viernes. No es lunes.

Y te preguntas ¿qué hice tan mal como para que me digan que no quieren contar conmigo? ¿Qué estoy haciendo tan mal para que ninguna de mis primeras opciones acepte por lo menos un mes de prueba? Y vas a formarte, te preparas, vas a talleres que te hablan del arte de hacer una entrevista, y cómo redactar el currículum (eso mismo que hice yo), y practicas, y escoges muy minuciosamente la ropa, y los zapatos, hasta el sujetador de la suerte (sí, hay un sujetador de la suerte). Y te acuestas a dormir la noche antes, tras una larga sesión de yoga y meditación, y te acuestas pensando "sólo es una conversación... sólo es una conversación" pero la verdad es que no es sólo una conversación. Para ti no es una conversación. Es un puto jodido sueño.

El problema conmigo es que he tenido mucho éxito en mi educación. Sí, lo digo así, soy una crack estudiando. Además, me gusta estudiar. Me gusta pasarme horas entre libros, leyendo, subrayando, resumiendo, escribiendo, me gusta aprender, me encanta, y además soy buena haciéndolo. Pero lo que nadie te dijo es que en el mundo real la ley de que "tras un gran esfuerzo hay una gran recompensa" no es verdad. Y que en el mundo real normalmente por hacer cosas buenas, y por ser amable, y por ser "responsable" y por ser atenta, y por ayudar, y etc. etc. etc. no te tienen por qué ocurrir cosas buenas. De hecho, no te tiene por qué ocurrir nada. Hay que tener suerte. Punto.

Y tuve suerte, porque me llamaron. Han sido dos jodidos años largos y difíciles, llenos de aprendizajes, oh, sí, aprendizajes. Eso decido llamarlos. Porque desilusión suena muy fuerte, y es muy negativo, y mejor usar un lenguaje positivo que me ayude a ver las cosas siempre bien. Pero sí, es desilusión. Es que no entiendes nada, porque trabajas muy, muy duro. Y sueñas en grande. Y está mal. Está muy mal soñar en grande. Porque eres pequeña, te sientes pequeña.

Y respondes el correo, agradeciendo la oportunidad y diciendo que "contéis conmigo para futuros procesos" porque nada mejor que además de cornuda, apaleada, pero ¿sabes qué? Es la verdad. Me gustaría, aún, hoy, sintiéndome pequeña después, tener la oportunidad trabajar con ellos. Porque esa empresa, precisamente esa empresa es como un sueño. No por lo que hacen (no me apasionan los tableros de madera especialmente) pero me encantaría formar parte de ese equipo que hace que todas las demás empresas quieran parecerse a ellos.

Esa es la cruda verdad de cómo se siente cuando te rechazan de tu trabajo ideal.