La primera vez que entré, en el verano del 2012, era mi primera experiencia profesional, pues aunque llevo trabajando desde los 17 de camarera y de profesora de inglés, era mi primera experiencia en la que las piernitas me temblaban. Admitámoslo. Estaba en pañales (¿algún día dejaré de estarlo?), y ahora al volver me di cuenta que aunque estaba en pañales hice varias cosas bien (aunque también me equivoqué mil veces). Y de eso es de lo que quiero hablar hoy, de las cosas que me ayudaron a mí en mi primer segundo día de trabajo.
La libreta. En el 2012, lo primero que hice cuando Eva me dijo que querían contar conmigo fue llevar una libretita donde apuntarlo TODO. Y cuando digo "todo" me refiero hasta como trasladar una llamada desde la recepción hasta las distintas oficinas, pasando por las claves de los ordenadores (que constantemente cambian #guiño #guiño ) hasta el horario de mis compañeras, para saber hasta qué momento podía contar con ellas. Aunque suena muy tedioso y aburrido, no sabes lo que me ayudó, pues podía recordar al pie de la letra todo lo que me decían las personas que llevaban más tiempo que yo en esa oficina. Apunté hasta cómo saludar al descolgar el teléfono, cómo presentarte cuando estás realizando una llamada, cómo manejar los programas informáticos, cómo hacer todo. Y aunque pensé que todos mis apuntes se iban a quedar ahí, en la libreta, pensé que lo justo sería devolver a mis compañeras todo lo que ellas habían invertido en mí, todo ese tiempo y ese esfuerzo, yo quería devolvérselo. Pues bien, fruto de esa libretita que tenía tanta información, cuando me desincorporé de la oficina para continuar con mis estudios (en el 2012) les regalé un manual de procedimientos con el cual la persona que me sustituía podía tener una transición más suave; no iba a hacer que la persona supiera funcionar al 100% desde el minuto 0, pero sí lograría darle algo de ventaja en el proceso. Ahora, en el 2014, agradecí tanto a esa chica en pañales que hizo el manual de procedimientos que valoré la libretita mucho más que antes.
Ojo, ahora también llevo una libreta de arriba para abajo, todos los días.
La hora del café. Super importante, es un momento en el que puedes escuchar más que hablar, y de vez en cuando hablar. No lo saltes por temor a que aún no eres parte del "equipo", precisamente estas reuniones informales son las que te hacen estar más rápido en el equipo. Acuérdate de cómo toman el café, así un día podrás ofrecerte tú a traerlo, e irás formando parte del equipo.
Las preguntas. Pregunta, y pregúntalo todo. Es mejor que estés todo el día con preguntas a tener que subsanar errores, que por otro lado los cometerás. A medida que preguntas, irás entendiendo todo mejor, y será otra forma de interactuar con tus compañeros. Ojo, si te explican algo, apúntalo en la libretita, para que no tengas que continuamente preguntar lo mismo. Si alguien te dice si lo has entendido, sé sincero, e intenta explicárselo a la persona tal y como tú lo has entendido. Este es el mejor feedback que puedes dar.
La vestimenta. Durante los primeros días observa cómo van vestidos tus compañeros; durante estos primeros días evita los extremos: nada de vaqueros ni trajes de chaqueta, busca algo intermedio, y búscate un par o tres de conjuntos o modelitos que te sirvan para los tres primeros días, y así ya podrás ver cómo es el ambiente de este trabajo. Evita también las chanclas (aunque sean preciosas) y las blusas con transparencias. Para arriesgar, ya habrá tiempo. Pero es preferible que tu supervisor no te llame la atención por desentonar por tu vestimenta.

Recuerda las sonrisas y los placeres en conocerte. Son fundamentales. Aunque no vayas de trepa, hay siempre puntos intermedios.

